Sobre el autor

Pepa Martínez

Nuestra coordinadora web es licenciada en Humanidades y monitora de vela. Hay pocas cosas que saquen a esta murciana de los libros. Entre ellas el mar y, cómo no, la bicicleta.

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8 Comentarios

  1. 1

    María

    Maravilloso artículo !! Este verano me pienso hacer todas las rutas.
    Se agradecen mucho este tipo de artículos
    Abrazos

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  2. 2

    Francisco Escobar

    Como bien dice el ariculo la falta de respeto de los coches hacia el ciclista es determinante. El articulo es bueniso y con cosas como estas es lo que hacen falta aqui. He estado en alemania hace unos dias y …… no me lo creia. Los conductores aqui son unos intolerables y uno de los problenas es que los conductores no se saben las normas de circulación. Se piensan que son las mismas que hace 20 años y se llenan de razones y con eso no se puede competir. Hay que insistir mas en que la genye recuerde las mormas actualizadas y sobre todo cambiar la actitud.

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  3. 3

    Ciclomensajería "Ecomensajeros"

    Artículo muy bueno que suscribimos complétamente. Nos ha encantado
    Ha faltado hacer mención o pedir opinión a l@s que nos dedicamos profesionalmente a la mensajería urgente en bicicleta. Aún así es muy completo y esclarecedor.
    Enhorabuena a la autora

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  4. 4

    Nacho

    Una de las mayores vergüenzas que tenemos que soportar los murcianos es que el alcalde (iba a decir “nuestro”, pero me niego a que sea “mío”) se llene la boca diciendo que es el presidente de la red de ciudades por la bicicleta cuando no hace prácticamente nada por favorecer su uso.
    Murcia podría ser una perfecta ciudad para ir en bici, pero no lo es, un ejemplo, cuando hace años llevaba a mi hija al colegio en la bici: Si iba por la calzada me arriesgaba a un accidente con algún coche, si iba por la acera me llevaba una bronca de algún peatón. No hay cultura ciclista, efectivamente, en Murcia siempre se ha asimilado ciclista a pobre, y además la ausencia de carriles bici no invita a coger la bici a los menos acostumbrados a ella.
    De todas formas muchas gracias por el artículo, esperemos que haciendo visible este asunto y la perseverancia de los amantes de la bici las cosas vayan a mejor.

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  5. 5

    Andrea Garries

    Murcia tiene un potencial increíble para la bicicleta, la llevamos en el ADN. Los huertanos siempre han recorrido los carriles de la huerta y saltado acequias con las bicis vintage que ahora están tan de moda.
    Los bicicleteros murcianos tenemos mucho por conseguir, ¡y lo conseguiremos! Hay cosas que son imparables…
    Un artículo bastante completo, enhorabuena a la autora 😉

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  6. 6

    Obdemurian Senku Marqués de mis Cosas.

    Buenas.
    Totalmente de acuerdo con el paupérrimo aprovechamiento ciclista de la ciudad de Murcia.
    Un apunte, por esa foto en la plaza de la catedral os pueden crujir. Por todas sus entradas hay una señal de prohibida la circulación de vehículos, sí, la bici es vehículo, me puse a mirarlo porque a mi un local me bajó de la bici bajo amenaza de multa y quedé un poco (MUY) mosca.
    Una sugerencia de artículo ¿Podrían explicar el porqué de las fixies?
    Yo estoy muy a favor de la bici como mezcla perfecta de ecologismo, tecnología y arte, por eso entiendo el furor estético por las fixies ‘minimalistas’ pero no termino de comprender ¿Por qué se renuncia a las marchas? ¡Su ausencia ofende a la mecánica! XD
    Un saludo.

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    1. 6.1

      josuafixed

      Solo puedo decirte que pruebes una fixie… La sensación de que todonlonque haces es transmitido a la calle y además q se rompen menos jeje menos piezas menos cosas q romper… La fixie es una sensación especial..si te gusta la bici pruebalo

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  7. 7

    Federico Císcar

    Este señor, el alcalde, aparte de ser uno más de los regidores de diversos niveles que hay en la Región de Murcia imputados o sospechosos de haber cometido alguna irregularidad, dijo expresamente hace unos años que “Murcia no era una ciudad para bicicletas”. Todo lo que diga es mentira y no sólo le ha importado muy poco la bici, sino que se ha cargado el servicio público de autobuses para mantener el tranvía que va a los centros comerciales de sus amigos -uno de sus presuntos pecados- y a la Universidad católica; casualmente también va a la Pública.

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