Sobre el autor

Dani Cabezas

Periodista, músico... y ciclista urbano. Nuestro redactor jefe se mueve como pez en el agua entre el tráfico de la ciudad, ya sea a bordo de su bici de carretera o su plegable. Compagina su trabajo en Ciclosfera con su banda, Le Traste, y su sello discográfico, Anomia. ¡Pedales y rock and roll!

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3 Comentarios

  1. 1

    Francisco Díaz

    En primer lugar, para mí lo del Seguro es por un lado un simple tema de DERECHOS y DEBERES y por otro lado un tema de autoprotección. Si quiero ser uno más en la calzada con los mismos derechos que motocicletas, automóviles, autobuses y camiones tengo que atenerme también a unos deberes; si alguna vez yo como ciclista fuera el causante de un accidente o de un daño hacia esos otros conductores (nadie está libre de esa fatalidad aunque las probabilidades no sean altas) tengo la obligación de tener un seguro de daños a terceros o de responsabilidad civil igual que ellos deben -deberían- tenerlo si el perjudicado fuera yo. Que los peatones no se hagan un seguro para circular por la ciudad no les exime de pagar daños si alguna vez son los causantes de un accidente, y en ese caso lo pagarán de su bolsillo. Actualmente pago un seguro de ciclista que me cuesta 1 euro a la semana, y lo doy por bien pagado si considero el riesgo de tener que pagar de mi bolsillo facturas mayores por cualquier error que cometa.

    Por otro lado, igual que muchos ciclistas ya he tenido varios batacazos, de los que afortunadamente he salido bien parado. Una caída tonta con vuelta de campana me costó un codo roto y 21 días de escayola desde el hombro hasta los dedos; tras salir de Urgencias me pasé por el lugar de la caída y me dí cuenta de que, si en vez de caer sobre tierra hubiera caído contra aquella línea de adoquines, o contra aquel bolardo de metal, aquello podría haber acabado mucho peor, y ese accidente me hizo comprender 2 cosas: la primera que hacerme un seguro de accidentes era una buena idea porque si me volvía a pasar, esta vez tendría una indemnización si necesitaba hospitalización o mayores cuidados médicos o perjuicios laborales; la segunda es llevar casco, y vale que un casco es al principio incómodo, y en verano da mucho calor, y que te hace muy cabezón, y que puede que no te salve de una embestida de un automóvil, pero la fuerza de la gravedad siempre nos acompaña y el suelo es el destino final de muchos accidentes: cráneo+asfalto: daño serio. Los motociclistas tienen por obligación llevar casco y los automovilistas la de de ponerse el cinturón (ellos ya van dentro de una carrocería rígida envolvente que en teoría protege sus cuerpos, aunque cuando has visto un accidente de automóvil y ves que esas carrocerías se arrugan como papel de aluminio no parecen que protejan tanto), y en las obras de construcción llevan casco, y en el puerto, y en las canteras, así que no veo por qué los ciclistas vamos a ser más invulnerables rodeados de vehículos en movimiento.

    Y prácticamente cada día salgo en bicicleta y paso junto a un polígono industrial y comparto la carretera con camiones de tropecientas ruedas, y voy por casco antiguo y me rodean taxis, y voy por carriles bicis y me rodean ¡¡ancianos!! (es broma)… y que lleve casco y tenga seguro no es un signo de que le tenga MIEDO a circular en bicicleta, sino que le tengo RESPETO, respeto hacia los demás usuarios de la vía y respeto hacia mi propia integridad física (y hacia mi bolsillo, no lo olvidemos). Hay un refrán que dice “Nadie escarmienta en cabeza ajena”, es decir, nadie aprende de la desgracia de los demás para evitar la suya propia; y creo que es por eso mucha gente no adopta cualquier medida de seguridad (física y/o económica) por una excesiva sensación de “eso no me va a pasar nunca a mí”… hasta que te pasa, y entonces ser el 0,1% de una estadística no es un ningún consuelo. Pagar dinero por un “por si acaso…” no mola, no es tangible, es tirar dinero a un pozo… hasta que eres tú el que cae en ese pozo, claro.

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  2. 2

    Javier Goya

    Que la opinión sobre la peligrosidad de la bicicleta cambie es una cuestión de educación y civismo, pero por parte de todos los usuarios. En las países de los que siempre nos acordamos cuando hablamos de ciclismo urbano, la convivencia es factible no solo porque las administraciones desarrollan infraestructuras adecuadas, sino porque los propios ciudadanos son respetuosos con la bicicleta. Es una cuestión de educación y cultura.

    También es responsabilidad de los propios ciclistas que la imagen cambie. Cada día encuentro situaciones peligrosas, ciclistas que pasan el semáforo en rojo, se cruzan en los carriles bruscamente obligando al consiguiente frenazo, se invaden carriles no adecuados o se circula por acera y calzada a la velocidad del rayo sin respetar a peatones o el resto de usuarios de la calzada. En ocasiones incluso llevando al niño al colegio….

    El hecho de tener un seguro, como dice Francisco, es una cuestión de deberes y responsabilidad, nadie está libre de sufrir un percance. Yo también lo tengo, y me desplazo en bici con casco, y mantengo como poco un metro y medio de distancia cuando adelanto algún ciclista al circular con mi vehículo. Ninguno de esos complementos me perjudica, pero me da un plus de seguridad, de confort, y me siento más responsable.

    Por último, es igual de lícito que una aseguradora pretenda vender seguros (yo no veo ningún sueño húmedo en ello), que un fabricante o tienda de bicicletas quiera vender sus productos, o incluso que una revista busque suscriptores y anunciantes para sus subsistencia.

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  3. 3

    Fran

    Tras todo este tema hay un transfondo, el lobby automovilístico, y el seguir vendiendo coches, el futuro debería pasar por la disminución del vehículo contaminante a motor en pro de transportes menos contaminantes o limpios, y aquí juega un papel fundamental la bicicleta. Lo que es PELIGROSO es seguir manteniendo un sistema tan contaminante, como los coches para trayectos ínfimamente tan cortos que generan gran cantidad de enfermedades respiratorias, autoinmunes, alergias, etc. Y no intentar considerar la bicicleta como transporte e invertir en su infraestructura. Pero en este País aún no disponemos de la cultura de la bicicleta como algunos otros de nuestro entorno que empezaron a unirse por el cambio, los residentes urbanos comenzaron a hacer esfuerzos para desafiar el predominio del coche mediante la creación de espacios públicos en los que se prohibieron los coches, el restablecimiento y la mejora de los carriles bici , el establecimiento de unos días libres de coches, y la elaboración de las políticas de transporte donde situaban a las personas en primer lugar.
    Llevamos un considerable atraso cultural/educacional con estos países pero todo no se hace de la noche a la mañana, será pedalada a pedalada.

    Se despide un peatón, un ciclista y también un conductor de automóvil.

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