Ciclosfera #4

Un juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, hablando de justicia, política y bicicletas. La historia de un deporte en alza, el Bike Polo. Dos ciudades muy distintas pero locas por la bici: Barcelona y Bogotá. ¿Quién da más?

Nosotros. Porque además de todo eso, nuestro cuarto número incluía, por ejemplo, una reflexión sobre qué es y qué significa ser ciclista urbano a cargo de un colaborador de lujo, Pablo León. Empezábamos nuestro segundo año, 2013, con un número tan primaveral como variado y completo, en el que la moda, el activismo y la información componían, a nuestro entender, una revista cada vez más madura.

La calidad fotográfica subía un escalón, las bicicletas y los ciclistas se sucedían a toda velocidad y la revista, al menos para nosotros, se devoraba. Probamos a darle un toque más fresco con varias páginas de estilismo, más ensoñador con una ciudad como la capital colombiana y más local y realista con el paseo barcelonés, y logramos que Pedraz, que jamás había concedido una entrevista (y se lo habían pedido desde los más importantes medios de España), se sentara a hablar con nosotros.

Cualquiera podía aparecer en Ciclosfera y, en consecuencia, cualquiera podía sentarse a leerla. Daba igual ser joven o maduro, moderno o clásico, español o de cualquier lugar del mundo: la nuestra podía ser la revista de todos. En 84 páginas, como siempre, ampliábamos horizontes, lográbamos pelotazos informativos y algunas de las mejores plumas ciclistas de nuestro país se prestaban a colaborar con nosotros. Era para estar cada vez más contentos y, también, para ser todavía más ambiciosos.